domingo, 3 de noviembre de 2013

ALGO CONTIGO..

Buenas noches a todos. ¿Como ha ido la semana?La mía bastante tranquilita. Las principales culpables: unas placas del tamaño de un rinoceronte. Si, decidieron hacer de mi garganta su lugar de residencia durante el puente. Consecuencias para mi: antibiótico diez días y reposo.

Pedirme reposo a mi es como pedirle a un niño que entre en una tienda de caramelos y escoja solo uno. Pero en esta ocasión decidí colaborar al máximo. Planes tranquilos, a las dos toque de queda. Aun así estos días me han dado mucho de si.

Lo primero y más importante, mi miedo supremo ha sufrido un cambio. Os explico: siempre he tenido el trauma de terminar viviendo sola con 60 gatos. Como la Loca de los gatos de los Simpsons para que os hagáis una idea .Un día me moriría, y ellos terminarían devorando mi cadáver. Esta era la estampa que más me aterraba, pensé que no podía existir final peor. Error. Siempre existe algo peor, y yo este fin de semana lo descubrí.


¿Quien no teme convertirse en La loca de los gatos?

Si amigos, hay algo peor que terminar devorada por 60 mininos. Terminar asaltando sola un buffet de comida. Como habéis leído. Considero que no existe un final más dramático. Partamos de la base de que los buffets están en mi lista de sitios a los que uno no puede acudir solo ( Otro día os hablare de ello).Enserio, ¿Que gracia tiene ir a asaltar un buffet si no tienes con quien compartir ese momento de gula extrema? 

De verdad, creo que el 90% de las personas cuando va a un restaurante de ese estilo acude con el fin de intentar burlar al restaurante. Sentir que ha sido capaz de comer una cantidad muy superior al precio impuesto. En el momento que decides entrar al restaurante tu estomago se expande como el de una Boa. Si es necesario revientas, te pones malo y no comes durante tres días. Te comes hasta la mesa. Pero has logrado tu objetivo. Y ese momento carece de toda gracia si no se tiene un compañero. Un aliado que te anime a superar cualquier plato especialmente sabroso. Un cómplice en los momentos de pausa entre plato y plato. Un amigo que te diga "¿Nos tomamos un heladito para bajar la comida?". Sin él los buffets pierden todo su sentido.

Si es necesario te comes hasta un elefante

Y la mujer que vi asaltando el sábado por la noche el restaurante "All you can eat" carecía de compañía alguna. Más allá de los cinco platos en su mesa, no tenía nada más (Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo). Debo de reconocer que no me fije en ella porque estuviera sola, sino por el desorden de sus platos. ¿A quien se le ocurre poner dos muslos de pollo encima de unos espaguetis carbonara? 

Debo de reconocer que soy un poco bastante esquizo en ese sentido. No solo no me gusta, sino que me horroriza esas personas que mezclan en un mismo plato cosas completamente opuestas. ¿No ven que se les pueden mezclar las salsas y los condimentos dando lugar a sabores fatídicos para su paladar? Es algo que va contra mi naturaleza, y más en un restaurante buffet. Ya que parte de la gracia reside en coger y manchar cuantos más platos mejor. Y no lo neguéis, ¿sino para que tienen esas torres de diversos tamaños que llegan hasta el cielo?

Aunque claro, pensando en frío, en su situación no la culpo. Pobre mujer, normal que cometiese esa mezcla tan psicodélica. Estará experimentando nuevos sabores y texturas, en busca de algo que la reconforte. Como todos, buscando. Eso sí, espero que antes de terminar ahí hayaís explorado bien en otros lugares.

Tener una buena semana. Hoy suena Haim, tres chicas estadounidenses maravillosas. No me quito este tema de la cabeza "Forever".




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